Como pasan los días , los meses y el año. Hoy hace un año estabas dentro de mí con unas ganitas locas de ver el mundo, tanto es así, que te adelantaste a todo pronóstico, a las 2:14 a.m. por fin después de un largo día de dolores, sedantes y un último, «push, push, push» llegaste, pero no como cualquier cristiano, llegaste «dando la cara» como debe ser, aunque ésto significara una angustia enorme. Saber que estabas abriéndote camino, no con la coronilla como es usual, sino con la cara, me afligía, y aún así
ahí estábamos ya juntas como madre e hija luchando cada una por su lado para finalmente poder abrazarnos. Y llegaste a mi vida, a nuestra vida, con tu carita hermosa (hinchada y amoratada de empujar) y con ese pelazo negro que aún es el tema de conversación de todos. Te tuve solo unos minutos en mi pecho y fue suficiente para saber que todo cambiaría, que a partir de ese mismo instante mi vida sería otra, ¿mejor o peor? ni idea, simplemente otra.
Ha sido el año más feliz, complicado, estresado, enamorado y fugaz de mi vida. He aprendido más que lo que he estudiado en un salón de clases durante toda mi existencia, he experimentado más sentimientos por minuto que en todas mis tuzas (desamores) juntas y he aprendido a amar como solo sabe amar quien es madre, incondicional, infinita, profunda y pura
mente. Has iluminado nuestra vida con tu eterna sonrisa, esa que llevas colgada desde que te levantas hasta que te acuestas, nos has enseñado tanto de la vida en cuestión de minutos que perece increíble que sin poder hablar seas tan sabia. Has puesto a prueba la paciencia que no tengo y la tolerancia que hasta ahora estaba aprendiendo a practicar. Me has dado tanta felicidad que si intento recordar las noches que he pasado sin dormir, las dudas, angustias y preocupaciones que me invaden, todas se desdibujan.
Parte de ser madre es a veces como tener dentro un CD con dos canciones, «la duda y la angustia», que no suenan a toda hora ¡claro está! Pero que cuando les das «play» se encienden a todo volumen. En fin, aprendes a vivir con ellas y hasta crees que ya te las sabes de memoria o hasta que se han borrado… Y entonces, el estreñimiento, la diarrea, una caída, el resfriado, la otitis, la guarde, el cole, etcétera, llegan y recuerdas que las canciones están ahí, ni te las sabes ni
se han borrado, y lo peor: siempre te van a acompañar vayas donde vayas. Sin embargo, basta una sonrisa tuya para darles «pausa», se para la música, se para el mundo y yo me río a carcajadas contigo, con tus balbuceos, gritos, bailes y cualquier cosa que se te ocurra hacer, porque eres un «hit», un «crack», eres «lo máx», ¡eres mi máx!
Gracias hija porque hoy hace un año no me imaginaba que existiera un sentimiento semejante y porque hoy, aunque es el oficio mas difícil «del mundo mundial», soy mamá y estoy aprendiendo a ser una «de las buenas», ¡me cuesta! Pero tú mi «cookie» haces que sea tan fácil pues eres como dice tu abuela Carmen, tan buena, que ser tu mamá es una gozada, es simplemente un enorme placer, verte despertar cada mañana.
Te amo hija.
